#8M-Día Internacional de la Mujer que Lucha

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DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER QUE LUCHA

Por Malena Castro

Es difícil como mujer describir lo que ocurrió en la marcha del 8M (el primer paro de mujeres organizadas), pero es aún más difícil contarlo cuando sos comunicadora y feminista, porque los sentimientos son aún mas intensos. ¿Qué eligen cubrir los medios y qué elegimos pensar nosotrxs? Fue lo primero que traté de comprender.

Durante la marcha que comenzó pasadas las 17hs en la Plaza de los Dos Congresos hasta Plaza de Mayo, se podían escuchar los gritos de varias mujeres exigiendo al Estado que se haga responsable de cada una de las muertes que se conocen a diario, muertes por abortos clandestinos, violencia de género, abusos sexuales, por maltratos psicológicos, por acoso callejero, por explotación laboral y trata de personas. No importa si lo hacían cantando, bailando, gritando, llorando, escribiendo paredes y asfaltos, pegando volantes, cubriendo sus rostros, escribiendo su cuerpo o mostrando las tetas. El mensaje era claro, nos están matando.

No me resultó extraño haberme levantado al día siguiente con la noticia de que detuvieron a 15 mujeres arrastrándolas por la calle, que las golpearon y las sometieron al poder de las fuerzas policiales, esa misma que las empujó violentamente contra esas paredes que pedían justicia por Melina Romero,  Marita Verón y Pepa Gaitán.
Cómo iba a ser extraño si en la misma semana 6 compañeras del colectivo de Ni Una Menos fueron detenidas por pintar una pared en la zona de Almagro, paredes que cuentan lo que vivimos y dicen lo que los medios no nos muestran, esos mismos que titulan de escandalosa e inmoral nuestra forma de reclamar, aquellos que te dicen que ponerte, que pensar y cómo conquistar al macho.   

¿Qué había realmente detrás de todos los incidentes? De esas pintadas, de esas estrellitas que se prendieron en 9 de Julio, de esas Velas frente a la Catedral, de esas tetas que se mostraban orgullosas y libres, de esas panzas, piernas o culos al aire que la misoginia quiere abolir y de ese fuego que amenazaba con arder en llamas las prohibiciones de la Iglesia Católica. Había Miedo. Miedo a nuestra visibilidad.

No nos sorprende que quieran callar nuestras voces y atemorizarnos porque es lo que vienen haciendo desde hace tiempo, pero esta vez es diferente, porque nosotras conocemos el miedo de cerca y el dolor en carne propia, pero aprendimos a aullar para encontrar a nuestras pares en un multitudinario reclamo por la igualdad de derechos.